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Primera Semana de Adviento: Atento a las posibilidades

 Mary M. McGlone, CSJ

Graphic of an Advent wreath with the first candle lit

Entramos en el Adviento con lecturas que dirigen nuestra mirada hacia las realidades últimas e inmediatas de nuestras vidas. El primer domingo de Adviento mira hacia el fin de la historia. Para los cristianos, eso no es materia de películas de terror, sino la anticipación de la venida de Cristo en gloria, el momento cuando toda la creación va a llegar a su plenitud. Los primeros cristianos pensaban que estaban en el umbral de ese día y hacían planes en consecuencia. Esa es la idea que está detrás de las palabras de Pablo a los romanos: «Nuestra salvación está cerca».

En el evangelio de hoy, Jesús dice: «¡Manténganse despiertos! En el momento que menos lo esperen, vendrá el Hijo del hombre». Intentar estar atentos día y noche el fin funcionó durante unas décadas después de la muerte y resurrección de Jesús, pero llegó un momento en que ni siquiera los más fieles pudieron seguir siendo vigilantes. Ver señales del fin del mundo en cada callejón sin salida no suele conducir a una vida tranquila y productiva.

Noviembre 30, 2025

  • Isaías 2:1-5
  • Salmos 122:1-9
  • Romanos 13:11-14
  • Mateo 24:37-44

Los cristianos de la segunda y tercera generación tuvieron que reajustar radicalmente sus expectativas. Se dieron cuenta de que, si hubieran tenido razón, el fin ya habría llegado. Cuando examinamos cuidadosamente lo que Jesús dijo sobre el fin, descubrimos que fue muy frugal en detalles. Su única afirmación inequívoca fue: «No sabéis en qué día vendrá vuestro Señor».

El enigma de esta lectura me hace pensar en algunos de mis amigos ecuatorianos, muchos de ellos personas con discapacidad que viven al pie de uno de los volcanes más activos de Sudamérica. El monte Tungurahua está humeando o retumbando alrededor del 50 % del tiempo y los pueblos situados a sus pies están siempre en alerta, con el nivel de peligro pasando de forma impredecible de amarillo a naranja, a rojo y viceversa. Han aprendido a convivir con ello. Tienen sus mochilas preparadas con agua, medicinas, linternas y fósforos. Todos conocen las rutas hacia las zonas seguras. Se mantienen preparados y trabajan como normal. Algunas mujeres muelen maíz como las del evangelio, otras trabajan con la computadora, conducen taxis, dan fisioterapia, cultivan la tierra o enseñan y predican. Permanecen vigilantes y la vida sigue. A la vez, son atentos a lo que podría cambiarlo todo en un instante. Esa forma de vida les ha enseñado a estar atentos sin ponerse nerviosos, un equilibrio emocional que se traduce en una maravillosa gratitud por cada día y cada hora, porque saben lo preciosa y precaria que es la vida.

Las lecturas de este primer domingo de Adviento nos invitan a fijarnos en el final, no para enfatizar nuestra vulnerabilidad, sino para recordar hacia dónde vamos. Eso es lo que Isaías intenta enseñar a su pueblo al pintar su visión de la vida tal y como debe ser. Isaías se dirigió a un pueblo que había perdido la fe porque había perdido su prosperidad. Con palabras tan majestuosas como cualquier música compuesta por Händel, Isaías pintó una visión de la ciudad de Dios donde todas las naciones vendrían a adorar y aprenderían a vivir en paz. Después, para que no se sentaran complacidos en sus mecedoras tarareando «El sueño imposible», Isaías grita: «¡Oh casa de Jacob, venid, caminemos a la luz del Señor!».

Pablo se hizo eco de Isaías con su llamada de atención a los romanos. En un momento en que los cristianos esperaban el regreso triunfal de Cristo en cualquier momento, Pablo trató de ayudarles a mantener el equilibrio entre su vida cotidiana y lo que estaba por venir. Esa es la tensión esencial de la vida cristiana: apreciar el momento por todo lo que vale a la luz de la llegada del Reino de Dios.

El Adviento nos llama a recordar lo que repetimos en nuestra celebración eucarística: «Cristo volverá [en gloria]». Eso significa que la creación está siempre avanzando hacia su auténtica plenitud. Eso significa que la visión de Isaías de la paz, de convertir las armas en herramientas agrícolas, no solo es posible, sino que Dios nos ofrece un plan estratégico para su realización. Pablo nos llama a despertarnos a esa realidad. Jesús nos dice que debemos permanecer atentos a las posibilidades de cada momento.

Lo que sabemos con certeza es que el futuro de Dios está sucediendo, sucederá y se producirá de maneras inesperadas. Las personas que viven al pie del volcán pueden darnos pistas sobre cómo mantenernos preparados. Saben que algún día, mañana o dentro de 500 años, el Tungurahua que vive todavía lo cambiará todo a su alrededor. Creemos lo mismo del Reino de Dios. La invitación del Adviento es permitir que nuestro futuro reajuste nuestras expectativas y recordar la gloriosa promesa del futuro para que pueda transformar radicalmente nuestro presente.

Preguntas de Reflexión

  1. ¿Qué te inspira la Escritura o la reflexión de esta semana?
  2. ¿Qué le ha parecido difícil? 
  3. ¿Qué acciones concretas podemos emprender individual y/o colectivamente, esta semana y para el futuro a largo plazo, en respuesta a la llamada que escuchamos esta semana?

Mary M. McGlone, CSJ

Mary M. McGlone, CSJ, denveriana de nacimiento, fue recibida en la congregación en 1973 e hizo los votos perpetuos en 1978. Obtuvo un doctorado en teología por la Universidad de San Luis en 1991. Su experiencia ministerial incluye la enseñanza, principalmente en la educación superior; el ministerio pastoral; el cuidado de niños y la escritura profesional. Ha escrito dos libros sobre la historia de las Hermanas de San José en los Estados Unidos. La hermana Mary también escribe una columna regular para el National Catholic Reporter.

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