
Acaz fue uno de los reyes más crueles conocido en Israel, fue al punto de ofrecer a su propio hijo en holocausto al dios Moloc. (2 Reyes 16:3) Isaías acudió al rey Acaz con palabras de advertencia. Como el Verdadero Rey de Israel, Dios juró proteger al pueblo y le dijo a Acaz que pidiera una señal para demostrarlo. Fingiendo piedad, Acaz se negó a pedir una señal; prefirió confiar en sus aliados antes que en la providencia de Dios. Ignorando al rey rebelde, Isaías le dijo que el nacimiento de un niño Emmanuel sería la señal de que Dios permanecía con el pueblo.
¡Qué ironía! Mateo eligió la profecía a Acaz, el asesino de niños, para interpretar el nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios que vencería al mal y a la muerte. No solo eso, sino que la señal para Acaz era un evento bastante común e supuestamente insignificante: el nacimiento de un niño.
Diciembre 21, 2025
La relación entre Isaías y Acaz está llena de las huellas digitales de Dios. En respuesta a un gobernante orgulloso y conspirador que solo dependía de alianzas políticas, Dios obró a través de una joven sencilla cuyo vulnerable hijo poseía el poder de socavar a matones bien armados y decididos. ¿El mensaje? Dios habita con el pueblo a través de los suyos. Dios vence a los altivos a través de los humildes.
Mateo reinterpreta la profecía de Isaías, aplicándola a la venida de Jesús, el Emmanuel. A partir de ahí, la historia de Mateo continúa con detalles que demuestran los misteriosos designios de Dios. Mientras que Lucas retrata la Natividad a través de la lente de María y los parientes consanguíneos de Jesús, Mateo optó por subrayar el papel distintivo de José y Dios en todo lo que sucedió.
A medida que teje su narrativa, Mateo afirma que María «fue hallada encinta por obra del Espíritu Santo». ¿Podría haber sido más moderado al anunciar la Encarnación? ¿Solo ocho palabras? Sin embargo, esas palabras coinciden con el anuncio de Isaías sobre el Emmanuel. Nos presentan la sencilla disposición de José a enfrentarse a una nueva realidad y cambiar su vida a la luz de ella.
La descripción que hace Mateo de José revela lo que a menudo implica colaborar con Dios. José, al igual que María, tuvo que estar dispuesto a renunciar a todo por el misterioso plan de Dios. «Todo» incluía su lugar de residencia, su familia y su reputación, todo con que tendemos a identificarnos.
Cuando Pablo escribió el saludo a su Carta a los Romanos, al igual que Mateo, describió el misterio de la Encarnación en términos aparentemente sencillos. Pablo describió a Jesús como «descendiente de David según la carne, establecido como Hijo de Dios con poder según el Espíritu Santo». Estas frases proclaman dos verdades profundas. En primer lugar, Emmanuel es carne de nuestra carne, participante en la creación de Dios como todo lo que ha existido o existirá en la Tierra.
Pablo añade que Jesucristo fue establecido como Hijo de Dios por el Espíritu Santo y confirmado como tal en la resurrección. Aunque nadie había desarrollado aún la teología trinitaria ni la enseñanza sobre las dos naturalezas de Jesús, Pablo colocó las bases para comprender que Dios creó a la humanidad mortal como capaz de compartir la divinidad y que Jesús es el signo efectivo de ello. Pablo continúa: «Hemos recibido la gracia del apostolado…llamados a pertenecer a Jesucristo». En otras palabras, a través de su vida, muerte y resurrección, Cristo atrae a los dispuestos a realizar su verdadera identidad en él.
Teilhard de Chardin escribió: «En virtud de la Creación y, más aún, de la Encarnación, nada aquí abajo es profano para aquellos que saben ver». El Evangelio, de hecho, toda la Escritura, proclama que la creación es sagrada y el deseo de Dios de ser uno con nosotros. Al predicar a los griegos (Hechos 17:24-28), Pablo describió el designio de Dios para nosotros diciendo: «En él vivimos, nos movemos y existimos».
Pablo enseñó que nuestra vida en Cristo es un hecho, no una aspiración. Nos demos cuenta o no, pertenecemos a Dios tanto como Jesús. Cuando elegimos aceptar esta realidad, nuestro sentido de identidad cambia. Pablo enseñó que Cristo se despojó de sí mismo para ser uno de nosotros (Filipenses 2, 5-8). En respuesta, nosotros, como José, estamos invitados a despojarnos de nosotros mismos, eligiendo abandonar todo lo que pueda obstaculizar nuestra unión con Dios o nuestra colaboración con el designio de Dios para la creación.
Dios mantiene viva toda la Creación. En este cuarto domingo de Adviento, a pocos días de la Navidad, contemplemos la Natividad como una invitación de Dios a ser más conscientes de nuestra participación en la vida divina. Los seres humanos somos criaturas capaces de comprender la verdad de nuestras vidas y de elegir colaborar con el designio divino, ayudando a que todo avance hacia nuestro destino divino compartido.
Al final, somos xlos llamados a convertirnos en el signo a través del cual el mundo puede encontrarse con Emmanuel.
Preguntas de Reflexión
- ¿Qué te inspira la Escritura o la reflexión de esta semana?
- ¿Qué le ha parecido difícil?
- ¿Qué acciones concretas podemos emprender individual y/o colectivamente, esta semana y para el futuro a largo plazo, en respuesta a la llamada que escuchamos esta semana?
Mary M. McGlone, CSJ
Mary M. McGlone, CSJ, denveriana de nacimiento, fue recibida en la congregación en 1973 e hizo los votos perpetuos en 1978. Obtuvo un doctorado en teología por la Universidad de San Luis en 1991. Su experiencia ministerial incluye la enseñanza, principalmente en la educación superior; el ministerio pastoral; el cuidado de niños y la escritura profesional. Ha escrito dos libros sobre la historia de las Hermanas de San José en los Estados Unidos. La hermana Mary también escribe una columna regular para el National Catholic Reporter.
