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Primer domingo de Cuaresma: Hijas e hijos de Dios

 Mary M. McGlone, CSJ

Detail from "The Temptation of Christ" (ca 1500-1504) by Juan de Flandes (Artvee)
Detalle de «La tentación de Cristo» (ca. 1500-1504) de Juan de Flandes (Artvee)

¿Quiénes somos y en quiénes nos convertiremos? Adán y Eva nos cuentan una historia, Pablo otra, y Jesús, bueno, creo que debemos suponer que él es quien tiene la razón.

Adán y Eva, nuestros míticos antepasados, vivían en el jardín de Dios y tenían permiso para servirse de sus frutos, la vocación de cuidarlo y la prohibición de comer de un árbol, un mandato para recordarles que no eran los dueños de todo. Cuando se aventuraron fuera del plan de Dios, descubrieron una nueva dimensión de su humanidad. No se habían dado cuenta de que sus acciones los cambiarían para siempre y provocarían nuevas respuestas amorosas y creativas por parte de Dios. Había surgido una nueva dimensión de su humanidad, poderosa, confusa y peligrosa. Se habían convertido en criaturas capaces de elegir entre el bien y el mal. Como podían decidir, todo lo que hacían implicaba una elección. Mientras se escondían asustados, su Dios comenzó a ofrecerles alternativas a las situaciones que ellos mismos habían creado. Estaban evolucionando y Dios los acompañaba en cada paso.

Febrero 22, 2026

  • Génesis 2:7-9; 3:1-7
  • Salmos 51
  • Romanos 5:12-19
  • Mateo 4:1-11

Ese resumen puede parecer poco convencional, pero las palabras de Pablo a los romanos lo confirman: «El don no es como la transgresión». Con cada error o paso en falso, la gracia de Dios se desborda. Cambiamos la realidad con cada acción y Dios nos llama continuamente a una vida mejor con su gracia y creatividad divinas. Estas dos lecturas ilustran cómo Dios nos sigue atrayendo para que crezcamos a su imagen divina.

¿Y Jesús? Inmediatamente después de su bautismo, el Espíritu envió a Jesús al desierto, el territorio de Juan el Bautista. ¿Por qué cuarenta días en el desierto?

Todas las narraciones nos dicen que el Espíritu envió a Jesús a un lugar donde se vería despojado de su vida cotidiana: compañía, comida, sinagoga, familia y un lugar donde descansar. Allí, en medio de la nada y en ningún lugar, profundizaría en el misterio de quién estaba llamado a ser. Lejos del bautista y de las multitudes, necesitaba elegir cómo convertirse en quien realmente era.

Las tentaciones desafiaron su identidad y le presentaron tres dimensiones del dilema más personal y universal de la vida: ¿Quiénes somos y de quién somos? Las ofertas del diablo representan las elecciones que nos definen a todos. El tentador desafió la identidad fundamental de Jesús: «Si eres Hijo de Dios…».

Su primera pregunta se centró en la condición humana. Jesús tenía hambre, estaba necesitado como cualquier ser humano. El tentador se burló de Jesús como aquellos que se burlaron de él junto a la cruz: «Convierte estas piedras en pan, piensa primero en ti mismo». Y Jesús respondió que no solo de pan vive el hombre. Los seres humanos se nutren a través de la relación con Dios y con los demás (Juan 4).

No dispuesto a admitir la derrota, el tentador intentó otra forma de socavar la identidad de Jesús como Hijo de Dios. Esta oferta proponía que Jesús exigiera a Dios que le obedeciera. «Tírate al suelo, exige a tu Padre que demuestre su amor protector según tus condiciones». La respuesta de Jesús: «Los ángeles de Dios no son los primeros en responder. Nosotros somos responsables de lo que hacemos».

Presionado con fuerza, pero sin ser aplastado, el demonio intentó desviar a Jesús con una promesa de poder. «Deja de parecer tan débil. ¿Cómo puede tu humildad reflejar la imagen de Dios? Yo soy el verdadero modelo para ti. ¡Podrías ejercer un poder real! ¡No desperdicies esta oportunidad!». Esa fue la gota que colmó el vaso. Jesús expulsó al demonio del desierto con el mensaje: «Tu hora ha llegado. He sido enviado para contrarrestar tus inútiles tentaciones atrayendo a otros al Reino de Dios conmigo».

Las tentaciones continuarían a lo largo del ministerio de Jesús, al igual que sus fieles respuestas. Cada réplica que Jesús lanzaba al tentador revelaba su devoción y compromiso de colaborar con el designio de Dios para la creación. Guiado diariamente por el Espíritu hasta el final, Jesús aprendió a ser, crecer y actuar como Hijo de Dios. Al contrarrestar cada una de las tentaciones del demonio, Jesús profundizó su identidad como Hijo fiel de Dios y modelo para nosotros.

¿Y nosotros? Nosotros también nos enfrentamos a la tentación de ponernos en primer lugar, de esperar que Dios lo haga todo o de elegir la riqueza, el poder o el prestigio por encima de las personas. Esto sucederá porque tenemos necesidades, deseos y libre albedrío. Al mismo tiempo, la gracia de Dios sigue estando disponible, ofreciéndonos alternativas creativas a los líos que creamos y guiándonos hacia un amor más grande. Bajo la guía del Espíritu, podemos seguir aprendiendo a desenmascarar y expulsar a los ídolos, los demonios que promueven la dominación, el egocentrismo y la búsqueda incesante del poder, la fama, la belleza, el lujo y similares.

Si somos hijos de Dios…

La Cuaresma nos ofrece la oportunidad de dedicar tiempo a preguntarnos quiénes somos en lo más profundo de nuestro ser y en quién quiere Dios que nos convirtamos. El crecimiento en nuestra identidad como hijas e hijos de Dios continuará hasta nuestro último aliento. Lleva tiempo, más de 40 días.

Preguntas de Reflexión

  1. ¿Qué acciones concretas podemos emprender individual y/o colectivamente, esta semana y para el futuro a largo plazo, en respuesta a la llamada que escuchamos esta semana?
  2. ¿Qué te inspira la Escritura o la reflexión de esta semana?
  3. ¿Qué le ha parecido difícil?

Mary M. McGlone, CSJ

Mary M. McGlone, CSJ, denveriana de nacimiento, fue recibida en la congregación en 1973 e hizo los votos perpetuos en 1978. Obtuvo un doctorado en teología por la Universidad de San Luis en 1991. Su experiencia ministerial incluye la enseñanza, principalmente en la educación superior; el ministerio pastoral; el cuidado de niños y la escritura profesional. Ha escrito dos libros sobre la historia de las Hermanas de San José en los Estados Unidos. La hermana Mary también escribe una columna regular para el National Catholic Reporter.

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